miércoles, 19 de octubre de 2011

Opiata dentífrica




Las pastas dentales son de lo más común en la actualidad. Existen una gran cantidad de marcas y una larga lista de productos con los más diversos ingredientes, los más comunes son el fluoruro de sodio y el flúor. La denominación común es pasta dental o crema dental. Hace cien años uno no encontraba estos productos en lo anaqueles de una tienda. Bueno, las tiendas tampoco eran lo que son actualmente.

Recientemente encontré un hermoso periódico fechado en Madrid, el 14 de julio de 1901: “La moda elegante”. El subtítulo es: “Periódico especial de señoras y señoritas, indispensable en toda casa de familia”. El formato es tabloide. El número que encontré, Año LX, número 26, está en muy buenas condiciones. En general trata de moda, en efecto. Añade los patrones de la moda más refinada de la época: largas faldas que hacían indispensable el corsé, porque la cintura obligatoria era por lo general de 50 centímetros (¡caramba!), blusas con muchísimos ribetes, moños y demás adornos, guías de bordados y tejidos para complementar los vestidos, recetas de cocina, poemas, ¡y recetas farmacéuticas!

Encontramos en este periódico, como en muchos de principios del siglo XX, publicados también en México, numerosos anuncios de productos “científicamente superiores” a los que se ofrecían tradicionalmente hasta entonces. Se subrayaban en el discurso características “modernas” como: “La higiénica agua vegetal de arroyo…”, “Royal Windsor. El célebre regenerador de los cabellos…”, “Harina lacteada Nestlé… Recomendado desde hace 35 años por las Autoridades Médicas de todos los Países…”, “Anemia, clorosis, debilidad, curadas por el verdadero Hierro Quevenne. Único aprobado por la Academia de Medicina de París. 50 años de éxito…”… y así decenas más de productos. Sin embargo, aún eran poco comercializadas las pastas dentales.

En la sección “Correspondencia particular” se daba respuesta a todo tipo de cartas, desde consultas sentimentales hasta ofrecer recetas de cocina. Encontré también recetas farmacéuticas, incluyendo una para preparar la “Opiata dentífrica”.

El término “opiata” es de lo más inusual en nuestro léxico actual. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española dice: “Electuario en que no entra el opio, formado por la mezcla de algunos polvos aglomerados con jarabe o miel”. La definición de la palabra electuario es: “Medicamento de consistencia líquida, pastosa o sólida, compuesto de varios ingredientes, casi siempre vegetales, y cierta cantidad de miel, jarabe o azúcar. En sus composiciones más sencillas tiene la consideración de golosina”. Así que bien podríamos traducir “Opiata dentífrica” como actualmente la conocemos: “Pasta dentífrica”.

¡Por cierto! Dudé cuando leí "dentífrica". Luego la busqué en el diccionario, y en efecto, así aparece. Sin embargo siempre la he pronunciado como "dentrífico" o "dentrífica". Pregunté a algunos compañeros de trabajo y todos coincidieron, siempre la han escuchado como "dentrífica", de hecho me parece más fácil pronunciarla así, con terminación "trífica", no con "tífrica". Pero según lo que consulté lo correcto es "dentífrico". Me quedo con la tarea de consultar con alguien especializado en fonética, porque sí me suena más sencillo pronunciarlo como "dentrífico".

Lo que podríamos considerar extraño en la fórmula que publican en 1901 es que encontramos en una opción carbón y quina, y en otra cloruro de sosa. Además no apunta la receta que se deban evitar las caries, parecería que se asume como un hecho que los adultos tengamos caries, aunque éstas se blanqueen: “… conserva la blancura de los dientes cariados…” Infiero que la cura de las caries no era un objetivo primordial entonces.

Un pequeño detalle más, relativo al diseño editorial en sí. Ya desde 1950 es común que la separación entre los diversos contenidos, y temas, que se abordan en una publicación periódica sean evidentes; en algunos medios se presentó algunos años antes este diseño editorial. En el segmento que dejé aquí, tomado del periódico original de 1901, encontramos que punto y seguido, una vez terminadas las instrucciones e ingredientes para la fabricación y utilización de la opiata dentífrica hay un “2.a. Pelota catalana”, que es una receta de cocina. A la usanza de las recetas del siglo XVIII y XIX no señala puntualmente cantidades de los ingredientes: huevos, pan rallado, jamón, tocino, perejil; tampoco señala el tiempo de cocción… en fin, que se sirve con el cocido.

Si le gusta experimentar, y no quiere hacerlo con la receta de la opiata dentífrica (¡y menos aún desea probarlo en sus dientes!), puede hacerlo con la pelota catalana, ¡podría ser un delicioso encuentro con un pedacito de historia!