domingo, 17 de mayo de 2009

Creencias, verdad y significado


Donald Davidson
1917-2003
De la verdad y de la interpretación
Contribuciones fundamentales a la filosofía del lenguaje
Editorial Gedisa. Barcelona, 1990.
Reflexiones personales sobre el capítulo 13
De la idea misma de un esquema conceptual (189-203 pp.)

Para Davidson significado y concepto no son lo mismo, aunque están intrínsecamente relacionados.

Su propuesta tiende a eliminar el relativismo conceptual, calificándola como una “doctrina temeraria y exótica”, aunque acepta que la realidad misma es relativa a un esquema: “lo que cuenta como real en un sistema puede no hacerlo en otro”.

La interrelación estrecha entre la realidad, el concepto, el significado y la emisión que aglutina todo ello es el eje de su disertación. “Puede suponerse que la relación es así: cuando los esquemas conceptuales difieren, también lo hacen los lenguajes”.

En este mismo marco, lenguajes diferentes podrían tener su justificación en contextos distintos, ya que se podría afirmar que dan cuenta de rangos diferentes de fenómenos con los que estos grupos sociales que les dieron vida tuvieron contacto. No obstante, la interrelación tanto entre el esquema conceptual y el de significado, así como entre la realidad y la emisión misma podría tener una respuesta en un solo eje que los subyace: la traducibilidad. Como afirmó Gadamer: “La traductibilidad es definitoria de nuestro concepto de lo que es un lenguaje”.

Según Davidson, lo que mantiene unidos a la verdad y el conocimiento es el significado. Si la coherencia es una prueba de la verdad, es entonces también una prueba del juicio de que las condiciones objetivas de verdad han sido satisfechas. En este caso, se plantearía una correspondencia sin confrontación. La teoría de la coherencia de Davidson se aplica a creencias u oraciones que son verdaderas para alguien que las entiende. Estas creencias son estados de las personas que tienen intenciones, deseos, órganos sensoriales: son estados causados por, y que causan a su vez, eventos internos y externos al cuerpo de sus poseedores. Pero, aun con todas estas restricciones, hay muchas cosas que las personas creen y muchas más que podrían creer. La teoría de la coherencia se aplica a todos estos casos. Todo lo que una teoría de la coherencia puede sostener es que en un conjunto coherente de creencias, la mayoría de ellas son verdaderas.

Decir que hay una presunción a favor de la verdad de una creencia que es coherente con una masa significativa de otras creencias, quizás sea la clave del asunto. Toda creencia, en un conjunto total coherente de ellas, está justificada a la luz de esta presunción, no de modo muy distinto de cómo lo está toda acción intencional emprendida por un agente racional.

Nuestro propio aprendizaje del lenguaje comparte aspectos importantes con la interpretación radical. Del mismo modo que en esta última la perspectiva del intérprete y la del sujeto han de converger en una situación o evento común a ambos en el espacio público para que la interpretación sea posible, también en la situación de aprendizaje participan al menos dos sujetos, aprendiz y maestro, cuyas perspectivas han de converger también en un objeto o evento situado en un espacio común a ambos. El carácter social del lenguaje y del pensamiento es subrayado por Davidson con toda claridad: sólo en el marco de la relación intersubjetiva en un mundo común a los sujetos puede haber pensamiento, conceptos y significados.

Los supuestos de la interpretación obligan a concebir el contenido de nuestras creencias básicas como un evento u objeto público, y no como una entidad intermedia entre el sujeto y el mundo. Los contenidos de nuestras creencias básicas son parte del mundo público e intersubjetivo.

Las creencias, los conceptos y los significados no son inteligibles sin la relación que vincula a dos sujetos entre sí y a ambos con objetos y eventos públicos y comunes, y esta relación excluye precisamente la posibilidad de mundos y esquemas conceptuales inconmensurables, ya sea en virtud de una distribución absolutamente dispar de valores de verdad a oraciones, ya sea en virtud del empleo de formas de razonar incompatibles.