viernes, 9 de julio de 2010

El subdesarrollo de la ciencia en México

Se ha especulado que la ciencia en México no es, ni será en fecha próxima, material de particular relevancia. Ruy Pérez Tamayo y Marcelino Cereijido, reconocidos investigadores y divulgadores de la ciencia, así lo han manifestado:

"Todo el país está así –subdesarrollado- porque la ciencia está subdesarrollada y no al contrario. La razón por la que está en subdesarrollo es multifactorial. Lo que ha ayudado a su desarrollo, que sí existe, es decir, la razón más importante, es la conciencia civil, la sociedad mexicana; porque a las autoridades no les interesa, aún no tienen el nivel de conciencia sobre la importancia que tiene el desarrollo de la sociedad al apoyar la ciencia y la tecnología"

(Pérez Tamayo Ruy, entrevista publicada en el periódico La Jornada el 17 de marzo de 2006. http://www.jornada.unam.mx/2006/03/17/a02n1cie.php, consultado el 18 de agosto de 2006).

Lamentablemente la situación se asemeja al acertijo del dragón que se muerde su cola. Pese a las duras críticas a la política científica que impera en México y a la enumeración de los múltiples factores que han propiciado, y atascan, al desarrollo científico y tecnológico en México, la problemática que parece generar el círculo inquebrantable de fracaso podría tener solución.

Si se siguen los postulados de Bruno Latour, con relación a la generación del conocimiento científico, en específico, al nacimiento y funcionamiento de la “cajas negras” y por otro lado la propuesta del cambio de paradigma que propone Kuhn, es posible romper con siglos de la inercia perniciosa que aún mantiene anquilosada nuestra ciencia.

Por una parte Latour propone que el conocimiento científico que es sancionado y consensuado dentro de un selecto grupo de científicos (pares), una vez dispuesto como una “verdad” se encapsula en una caja negra que difícilmente es revalorada e inmediato, con lo que las “verdades científicas” mantienen cierta estabilidad. Por otra parte, el cambio de paradigma que sustenta las revoluciones científicas que expone Kuhn apela precisamente a la apertura, y en todo caso rompimiento, de algunas de las “verdades” que permanecen celosamente al resguardo de cerradas comunidades científicas. Luego entonces, ambos factores constituyen algo así como las dos fuerzas de tensión que tiran hacia direcciones distintas con igual intensidad, y que regulan la generación de conocimiento científico, garantizando al mismo tiempo cierta “legitimidad” en el mismo, tanto por su contenido en sí como por la metodología que lo avala.

Pues bien, estas dos fuerzas tienen una particular inequidad en México; por una parte, un factor que contribuiría al rompimiento del círculo del subdesarrollo de la investigación científica en México es que los pocos científicos mexicanos que hay, no importa de la disciplina que sea, se sumen a grandes proyectos internacionales, de esos a partir de los cuales se generan “cajas negras”, pautas a seguir, teorías de punta, tecnologías nuevas, etc.; por otra parte, este mismos científicos, aunque pocos, deberían empujar la generación de nuevas generaciones de científicos, involucrándose con sensibilidad y compromiso en programas de divulgación científica y motivación a vocaciones científicas y abriendo sus grupos de trabajo a científicos de reciente ingreso en el gremio, que, de no cantar con aval de un grupo sólido y reconocido (de acuerdo a Kuhn), difícilmente podrá avanzar en una sola dirección y contribuir a programas de interés común.

Ciertas políticas científicas pretenden simular interés en la introducción de nuevos científicos en gremios de investigación muy selectos, o bien, pretenden involucrar a científicos mexicanos en la generación de nuevos conocimientos, sin embargo, situaciones de fondo, tan pragmáticas e inmediatistas como asegurar el sustento de una familia, generan tal inestabilidad que es imposible llevar a término un doctorado, incluso, una maestría. Numerosos programas supeditan el otorgamiento de la beca únicamente al tiempo que el estudiante cursará los créditos correspondientes al programa, sin considerar el tiempo que posteriormente le llevará el concluir la tesis correspondiente, por lo que, una vez que el estudiante, sobrecargado de materias obligatorias que cursar, se encuentra con una carta de pasante, pero sin el ingreso, ni siquiera mínimo, durante un tiempo corto (digamos un año), para que concluya la tesis correspondiente. Si se rompe este mecanismo y se flexibilizan programas de apoyo, no obstante sean tipo crédito, se elevará el nivel de graduación de estudios de posgrado y por ende, la masa crítica de científicos en México.

Esto es sólo uno de los factores, de los muchos factores a los que hacía referencia Ruy Pérez Tamayo, que pueden reformarse a corto plazo.

1 comentario:

Matalote dijo...

Es muy interesante el problema que tocas en esta ocasión. Quiero comentar dos puntos: la participación activa de los científicos para motivar a las nuevas generaciones y la flexibilidad en el otorgamiento de becas.

En muchas universidades, los científicos y académicos son como padres adoptivos de jóvenes con potenciales para dedicarse a la ciencia. Esta función de mentores es una labor fundamental de la educación superior para garantizar la continuidad de determinados proyectos, teorías o estudios a largo plazo. Puede ser que la iniciativa de esta labor viene de los científicos y de los estudiantes, quienes se buscan a un padre académico de alto nivel, muestran sus intereses y se pegan a su grupo de trabajo. Sin embargo, este modelo beneficia a muy pocos estudiantes, para ello es necesario que las autoridades universitarias y el Estado proporcione el financiamiento necesario para costear investigaciones, becas y espacios idóneos. Estos espacios deben asegurar además, el empleo de estas nuevas generaciones de científicos para que se desempeñen en forma exitosa y productiva.

El segundo punto que quiero comentar es tu propuesta para flexibilizar el otorgamiento de becas. Las personas que se dedican a la ciencia, que aportan nuevos conocimientos y que viven de eso, generalmente realizaron una carrera académica sin interrupciones desde la licenciatura hasta el doctorado. Muchos de ellos tenían una idea clara de sus objetivos y trabajaron para ello durante 10 o 12 años de vida universitaria. Alguien que ingresa a los 18 años a la Universidad, puede salir con un doctorado a los 30 años, una edad bastante aceptable para iniciar una vida familiar propia (casarse, tener hijos, adoptarlos, etc). Para ello no existen diferencias entre hombres o mujeres. La experiencia ha demostrado que las interrupciones de los estudios tras licenciatura o maestria, rompen con la estructura académica, mejor dicho, con el ritmo de los estudios, los proyectos, los intereses, que decir, del seguimiento activo de las novedades que se dan en el área de estudio. Alguien que se toma pausas demasiado largas para trabajar o tener hijos, difícilmente se reintegrará con la misma efectividad con la que inició los estudios a una vida productiva en la ciencia. No se trata de quitarle a nadie las posibilidades de un doctorado o una beca, sin embargo, la experiencia muestra que esas personas difícilmente se integrarán con éxito a la labor científica del país. Por otra parte, al obtener una beca, debe existir el compromiso de terminar los estudios a tiempo, incluida la tesis, pues el apoyo económico tiene ese objetivo, permitir una dedicación exclusiva a la maestria o al doctorado en cuestión. No se trata de hacer sacrificios pues se hace lo que se ama (adquirir conocimientos) y se trabaja para el futuro (hacer ciencia).