jueves, 7 de abril de 2011

Maestros y artesanos (I)


Estoy tomando clases de ballet. Ballet clásico. De principiante principiante porque jamás había hecho nada semejante. La joven maestra es una bailarina profesional que dicta los cursos en el Seminario Coreográfico Universitario, en la UNAM.

Es increíble que a partir de ciertos ejercicios, que parecen muy sencillos, se sienta el esfuerzo de músculos que no tenía ni idea de que existían, en el metatarso, en la espalda y en los dedos de los pies (¡entre muchos otros!). Además, la didáctica de la instructora es impresionante, es como las buenas madres que parece que tienen ojos hasta en la espalda: “Lupita, levanta los codos”, “Clara, el dedo chiquito en el piso, pegado al piso… todos los dedos en el piso”, “Juan, no te cuelgues de la barra, sólo sujétate”, y cuando escuchamos el “detallito” que está corrigiendo en el prójimo (¡y el próximo!) revisamos nuestra propia postura y ajustamos la espalda, el dedo, el pie, cada dedo, las pompas (sí, las dos), la cadera, el cuello, y todo lo que haya que ajustar.

No sólo es un ejercicio físico, es un ejercicio mental impresionante, porque tienes que pensar: “todos los dedos del pie izquierdo bien plantados en el piso”, e incluso repasas despacito la instrucción y se la dictas a tu dedo “dedo chiquito del pie izquierdo, pégate al piso, ¡ya!”, “codo derecho arriba, muñeca rotada, dedo pulgar en la segunda falange del dedo medio”. Con semejante esfuerzo no puedes, no debes, pensar en nada más que en cada movimiento y posición de un cuerpo que te ha acompañado toda la vida. Entonces, y sólo entonces, te das cuenta de que en realidad no lo has conocido bien y, (¡oh triste realidad!), que nunca lo has controlado realmente.

El cuerpo nos es tan familiar como el discurso. Lo hemos tenido toda la vida, no obstante lo conocemos tan poco. No sólo los utilizamos siempre, más aún, ¡los necesitamos siempre! Seguramente si los conociéramos mejor podríamos hacer mejor uso de nuestro cuerpo y de nuestro discurso. Recalco, utilicé el término “familiar” con toda intención, porque la familiaridad no implica conocimiento profundo de nada.

Existe un sitio en Facebook, “Pendejadas en El Imparcial (y otros medios noticiosos)”. Lo más interesante de este sitio es que quienes lo coordinan encuentran todos los días, (¡todos los días!), notas periodísticas con errores, incluso en la primera plana y en el encabezado de la noticia principal. Han compendiado más de mil hasta el momento. Además las aderezan con fotos muy cómicas, de la más pura ironía.

No son errores que podrían considerarse de apreciación, o de “minucias del lenguaje” que un par de quisquillos (Carlos Mal Pacheco y Fugo Medina) encontrarían en cualquier discurso que analicen, como el guante blanco que repasaba hasta el último rincón de la última repisa de la última alacena del cuarto de los tiliches de una residencia centenaria… donde por supuesto siempre encontrarán polvo.

Los errores son del tipo de titulares como:

VANDALISMO Y DROGADICCIÓN

Se respira en la colonia San Juan

La observación es acertada: “Mal encabezado. En todas partes los seres vivos respiran. Ya sé que se autocompleta con la oración que está arriba, pero no es poesía”.

Otra noticia que tiene como encabezado: “EVOLUCIONA FUGA” y escriben en una parte del texto: “… ya progresó a bache…”. Qué buen ejemplo de cómo NO deben utilizarse ambos vocablos, relacionados con la ciencia: evolución y progreso.

En un curso de redacción para periodistas de la ciencia en ciernes, mi amiga, Mónica Genis, decía algo muy cierto: no es que se diga que los estudiantes de periodismo no sepan escribir ciencia, ni que no les interese la ciencia, ya no saben escribir nada y parece que no les interesa saber hacer bien su trabajo, que es escribir.

En, “Pendejadas en El Imparcial (y otros medios noticiosos)”, es frecuente el comentario, más bien lamento, de quienes siguen el sitio, sobre que quienes escriben en esos medios periodísticos no sólo perciben un sueldo por hacer un trabajo evidentemente mal hecho, incluyendo a los correctores de estilo y a los editores; porque si ese tipo de redacciones salen a la luz pública es porque no sólo una persona, sino toda una cadena de “supuestos profesionales de la redacción y la edición” las dejaron salir a la luz, sin ningún empacho.

No es que todo tiempo pasado sea mejor, pero bien afirmaba Mónica Genis, que cuando ellos estudiaban comunicación los periodistas que se especializaban en tal o cual fuente estaban obligados a saber, por ejemplo, el responsable de la fuente “Política”, todos los nombres de todos los gobernadores de los Estados Mexicanos, diputados de su localidad y entidad, representantes de partidos políticos, fechas de elecciones, y un sin fin de etcéteras de contenidos relacionados con la fuente. El de “Economía” tendría que estar presto a saber las fluctuaciones del mercado, las divisas, las relaciones comerciales nacionales e internacionales, y demás asuntos del mismo ramo.

Pero si los actuales periodistas profesionales de los principales medios noticiosos de los Estados en México no pueden ni siquiera redactar al nivel más básico, que implica ordenar una idea claramente y plasmarla de la misma forma (clara y evidente) para el lector, ¿cómo podríamos pedirles que se especializaran en la fuente “Ciencia”?... es como en las clases de ballet que estoy tomando, creemos que el cuerpo que portamos (en este caso el discurso), que usamos todos los días nos es conocido (¡y dominado!), simple y sencillamente porque lo “traemos cargando” todo el tiempo y lo usamos siempre… se podría considerar lo obvio, ¡pero no es obvio! De esto seguiremos hablando en la próxima entrega.

2 comentarios:

Quepasa dijo...

Hola, me ha parecido muy interesante y cierto tu blog, yo estudié Ciencias de la Comunicación y recuerdo bien que algún maestro nos mencionó lo que dices de saber absolutamente todo de la fuente.

Mi esposo también estudió la misma carrera y en cierta ocasión le aplicaron un examen para contratarlo en un periódico de prestigio en el DF.

En dicho examen le preguntaban por todos y cada uno de los delegados, diputados, etc, etc y más etc de todas las delegaciones, dato que desconocía pues vivimos en el norte del país.

En conclusión, te aplaudo por tan buen artículo y comparación.

Libia E. Barajas dijo...

¡Gracias por compartirnos esa experiencia!