lunes, 11 de abril de 2011

Maestros y artesanos (II)


La ocasión anterior la metáfora del aprendizaje de la utilización del discurso la inicié con la del aprendizaje del ballet clásico.

¿Por qué no utilizar la salsa, la cumbia, el tango, la quebradita o el “pasito duranguense”? Porque considero que el ballet clásico conlleva la variante que precisamente se requiere para cualquier tipo de danza porque es clásico. En el mismo curso al que asisto por las noches acuden algunos bailarines con experiencia en danza contemporánea, pero han tenido que acudir al ballet clásico porque necesitan tomar (o retomar) los aspectos básicos del ballet.

Con el ballet clásico aprendes desde cómo estar de pie, así de simple y llano, cómo estar “correctamente de pie"; cómo inclinarte "correctamente", ¡incluso cómo caminar! Lo más simple tiene su técnica y para aprenderlo se requiere de toda una didáctica y de todo un proceso que sólo en manos de los expertos es fructífero. La bailarina que nos dicta clase no tiene más que estar de pie para verse con una armoniosa estatua. En sí misma encarna la materia de la cual dicta cátedra.

Mis amigos, Sergio de Regules y Martín Bonfil, han dictado cursos de redacción de textos de divulgación de la ciencia en numerosos foros, entre ellos el Diplomado en Divulgación de la Ciencia que se dicta en la Dirección General de Divulgación de la Ciencia, en la UNAM. Este diplomado, por su estructura, aún con casi tres lustros de haberse fundado, continúa estando a la vanguardia en lo que a capacitación en comunicación de la ciencia se refiere, y pone especial énfasis en la redacción.

Sin embargo existen tan pocos programas como este diplomado, y tan pocos maestros como Sergio y Martín.

Por ejemplo, en el periodismo, la mayoría de quienes se han dedicado a la fuente “Ciencia”, se han “hecho a sí mismos” en el andar mismo de la carrera periodística, o incluso sin la carrera periodística. No creo conocer ningún caso en México de alguien como Carl Sagan o Isaac Asimov que siendo experto en ciencia haya optado por dedicarse a la comunicación, ¡por cierto con gran profesionalismo!

Acaso en lengua española merezcan especial atención Jorge Wagensberg (físico) y Diego Golombek (biólogo), el primero director del Museo de la Ciencia de la Fundación La Caixa, en España y el segundo gran divulgador, quien encabeza la colección “Ciencia que ladra...”, (porque si ladra, no muerde), con ya 17 libros en su haber.

Los antiguos griegos dividían a los artesanos de los maestros. Los artesanos eran un gremio necesario, pero en realidad poco reconocido. Por supuesto era innegable que se necesitara de albañiles, herreros, carpinteros y zapateros; incluso, en los talleres artesanales había un grupo de menor reconocimiento social, los metecos, “simples” empleados de los talleres artesanales. Sin embargo, aún los artesanos podrían aspirar a pulir su técnica y destacarse como “maestros de oficio”. Existe una estela funeraria destinada al zapatero Jantipo, ¡debió haber hecho un arte de su oficio!

Sergio de Regules es físico de formación profesional, Martín Bonfil es químico, farmaco-biólogo, y durante lustros (casi cuatro), han conocido, reconocido, convivido y finalmente se han familiarizado con el entramado de la lengua española, e incluso de la traducción -Sergio durante mucho tiempo tradujo profesionalmente artículos para la popular revista “Selecciones del Readers Digest”-. Sin embargo este camino ¡es demasiado largo!

La joven bailarina que nos educa en ballet para principiantes se ha dedicado a la danza desde niña, y ahora, con nueve años de desarrollo pulcramente dirigido en instituciones especializadas, es capaz de dictar cursos a neófitos anquilosados como yo, que sufrimos con tan solo mantenernos de pie de forma adecuada.

En redacción existen pocos, pero existen, quienes pueden guiarnos desde la comprensión y dominio del discurso más sencillo, la idea más primaria, pero redonda y clara… ¡seguimos en la siguiente entrega!

(En la imagen una de las portadas de la colección "Ciencia que ladra...")

2 comentarios:

Matalote dijo...

Libia,
felicidades por tus clases de ballet clásico.
En realidad creo que deberían existir más talleres para todo. No sólo no sabemos estar de pie ni escribir correctamente, no sabemos comer, ser padres, ser colegas, etc. Casi todo lo hacemos con más ingenio o improvisación, que con técnica.
Los artesanos me parecen muy importantes, ellos dominan un oficio y producen objetos de uso cotidiano o artístico. Muchos son maestros en su materia, pero permanencen de incognito toda su vida. El oficio de escribir es también como el trabajo de un artesano y se pule con la práctica. Una aspiración de todos tenemos pero que sólo pocos alcanzan.
Saludos
M.
Saludos
M.

Libia E. Barajas dijo...

¡Muchas gracias!¡Cuánta verdad tienen tus palabras!¡Debería haber más talleres para todo! Sobre todo, más entusiasmo para participar en muchas cosas, al fin, que no todo el tiempo estamos de humor para una misma actividad.