sábado, 6 de noviembre de 2010

Jesús Díaz de León, divulgador de la ciencia del siglo XIX

"Hoy todas las clases sociales se agitan conmovidas por una fuerza misteriosa, hácia un ideal nunca satisfecho pero siempre lleno de nuevos halagos y atractivos. La instrucción es la piscina encantada donde los hombres se agrupan para curar si ignorancia y sus preocupaciones; es el mirage de un oasis divino en el cual los peregrinos del saber se deleitan arrullando sus ensueños y el cansancio de jornada fatigosas. El oráculo de Delfos ha enmudecido; los Brahaminos han escondido sus libros en los templos de Delhi; los rabinos ya no instruyen al pueblo desde las sinagogas; los descendientes de Confucio recorren las Universidades modernas; los sectarios de Aristóteles permanecen meditabundos en las aulas; los niños, en fin, han dejado de retener el sonido de las silabas al crujido de la disciplina que desgarraba sus carnes. Hoy la Ciencia puede decir al mundo como decía hace diez y nueve siglos la voz del apóstol: “ha brillado ya la aurora de redención;” si, porque la ciencia redime al espíritu de la esclavitud de la ignorancia, lo eleva, lo ennoblece y lo invita a tomar parte de los certámenes del progreso humano. Hoy, la voz de la ciencia llevada por el periodismo, se hace oir en todas partes; ella inspirara á la madre los sencillos consejos de la higiene para que pueda llenar debidamente los sublimes deberes de la educación física y moral de sus hijos; le enseña cuales son los ramos mas importantes que debe cultivar para que guíe con mano firme la primera enseñanza del alma infantil, que se desarrolla al calor de sus besos y se fortifica con la savia de sus preceptos; ella penetra en las escuelas y demuestra á los profesores los brillantes resultados de la enseñanza objetiva, del método y de la gimnástica de la inteligencia; ella busca al joven para inculcarle los primeros rudimentos de las leyes y de los fenómenos á que están sujetos todos los seres y todos los cuerpos del universo, despertándole al mismo tiempo la inclinación y el amor al saber; ella, en fin, se dirige al artista, al industrial, al hombre ilustrado para recordarles lo que han olvidado ó para admirarlos con los descubrimientos que los obreros de la ciencia van haciendo cada día en los talleres del genio.”

(Jesús Díaz de León, periódico “El Instructor”. 1 de mayo de 1884. Año 1, número 1. Aguascalientes, Aguascalientes.)

El español de fines del siglo XIX en Aguascalientes, México, tuvo particularidades que, ante un lector del año 2010, conlleva ecos de un pasado ya pasado. Lo relevante de los discursos de divulgación científica del periódico “El Instructor” es que el ansía de compartir el conocimiento y la ciencia con la mayor cantidad posible de personas es prácticamente el mismo en muchos divulgadores de la ciencia hoy en día. Afortunadamente también es el eje de instituciones y programas.

Jesús Díaz de León abrazó el quehacer de la divulgación científica y, hasta donde he podido constatar, en toda la historia del periodismo científico en México, es quien pudo mantener durante más tiempo el esfuerzo sostenido de un medio escrito destinado a comunicar conocimiento, destacando a la ciencia, de 1884 a 1907.

“El Instructor” estaba registrado ante la Administración de Correos como un artículo de segunda clase. Ex profeso indicaba “Este periódico se dedicará muy especialmente á la instrucción de las familias del pueblo. El INSTRUCTOR se ocupará también de poner al corriente á sus lectores en los progresos mas recientes de las ciencias, con sus aplicaciones á las artes y á la industria.” Las suscripción tenía un costo de 25 centavos por bimestre o bien el precio por los números sueltos era de 7 centavos. Se publicaban dos periódicos por mes.

La vida de Jesús Díaz de León fue de telenovela (¡y de las buenas!), desde que nació.

No tengo conocimiento de que se haya dilucidado quiénes fueron sus padres. Con seguridad tuvo madre, y aunque se desconozca el nombre, se especula que la dama en cuestión tuvo el acierto de dejar al recién nacido a las puertas de la casa del doctor Rafael Díaz de León, quien había sido gobernador de Aguascalientes. Dominga Ávila, esposa del exgobernador, se prendó del bebé y esta noble acción acaso marcó para siempre, y para bien, la vida de Jesús Díaz de León.

La holgada posición económica que tuvo le permitió estudiar, mucho para su época. También aprovechó los contactos y las redes sociales políticas y económicas para promover la cultura y la ciencia.

Un extraordinario grupo ha colaborado para investigar, compilar información, producir y finalmente dejar bien terminadas cápsulas de radio sobre divulgadores de la ciencia como Jesús Díaz de León. Rubén Escobar Blanco, pasante de la carrera de historia, hizo un gran trabajo en la investigación de gabinete, buscando en archivos históricos. Martín Bonfil y Clara Rojas, extraordinarios divulgadores con lustros de experiencia, sintetizaron la información para concentrar lo más relevante y significativo para ser divulgado. Mónica Genis elaboró los guiones para adaptarlos a la radio (¡es genial en ese campo!). Finalmente Pablo Flores y Esteban Estrada produjeron las voces, los efectos de sonido, la música, en fin, estos magos de la producción radiofónica para la divulgación de la ciencia, crearon una auténtica ventana para asomarnos al Aguascalientes decimonónico, a través de la vida y obra de un divulgador de la ciencia del siglo XIX, Jesús Díaz de León. Una cápsula del tiempo. Una cápsula de radio. Una cápsula para compartir.

Me enorgullece tanto conocer y colaborar con personas tan profesionales en sus campos de especialidad. Es para sentirse honrado ser parte de una institución que se preocupa y se ocupa en divulgar la ciencia. Es sorprendente que los sueños y anhelos particulares (afortunadamente de numerosas personas, aunque separadas) poco a poco hayan ido fraguando programas y proyectos conjuntos como la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM.

En este momento, que estoy en Hermosillo, mi tierra; que tuve la oportunidad de estar en la que también es mi Alma Mater, la Universidad de Sonora y que constaté también lo mucho que se ha logrado y pretende lograr en divulgación de la ciencia, porque se preocupan y ocupan en ello, me conmueve el que afortunadamente también se fraguan programas y proyectos (¡muy grandes, extraordinarios!) para la divulgación de la ciencia en todo México.

¡Estoy feliz!

2 comentarios:

Matalote dijo...

Hola Libia:

Comparto tu alegria. Suena muy interesante el trabajo conjunto de tantos especialistas. Que bueno que se legre sacar de los archivos a personajes tan interesantes como Díaz de León. Lástima que no se consolidara una escuela de divulgadores en aquel entonces. Pero nunca es tarde.
Felicidades

Libia E. Barajas dijo...

¡Cierto! Pienso que así como la ciencia tuvo sus tiempos para que floreciera a partir de esfuerzos aislados, extraordinarios, pero aislados, lo de hoy, como lo es en la ciencia misma, se tiene que aplicar a la divulgación de la ciencia: son los grupos de trabajos, la concatenación de ultraespecialidades, la reunión de pasiones y consolidación de instituciones plurales. ¡Gracias!